Discurso de la Vicepresidenta primera del Gobierno en el acto de presentación del Bicentenario en Madrid
Madrid, martes, 09 de febrero de 2010
Ministra, Alcalde, Presidente del Consorcio, Sara,
Amigas y amigos,
Es un placer acompañaros hoy en la presentación del programa de actividades con el que conmemoramos el Bicentenario de las Cortes Generales y Extraordinarias de La Isla de León.
Se presenta además esta Programación en la Casa de América, y creo –Presidente- que no podíais haber elegido un lugar más adecuado, porque esta conmemoración también lo es de los españoles de la otra orilla, que participaron en aquellas cortes con nada más y nada menos que 80 representantes.
Hace apenas unos meses, en mi último viaje a Argentina, tuve la ocasión de visitar un gran centro español, asturiano concretamente, en Buenos Aires. Un centro inaugurado en los años veinte del siglo pasado pero que casi un siglo después sigue manteniendo toda su vitalidad.
Hay muchas cosas que recuerdo de aquella mañana y una de ellas es el orgullo con el que nuestros compatriotas me mostraron un antiguo retrato que preside la entrada a aquella casa de todos los españoles y españolas, un antiguo retrato de Agustín Argüelles, el más destacado de los padres de la Constitución del 12. Creo que es un orgullo por todos compartido.
Amigos y amigas,
Todos amamos el lugar del que procedemos, el lugar en el que nacimos, ese lugar al que llamamos patria.
Pero la patria –eso es lo que me recordaron aquellos españoles en Buenos Aires- no es sólo un paisaje que recordar, ni las montañas o los mares brillantes de nuestra infancia.
Tampoco es sólo aquello que nos hace cerrar filas cuando sentimos la amenaza, y los diputados sitiados en la Isla de León por un ejército invasor, sentían como pocos la amenaza
No, ninguna patria, ninguna comunidad, ningún futuro –ni tan siquiera en los momentos más duros- se puede construir sobre el temor.
Un país no es, no puede ser el temor de algo. Es, siempre ha sido y siempre será sobre todo la esperanza de algo, un futuro por hacer, una promesa que cumplir, un horizonte compartido.
Eso es lo que nos mostraron aquellos diputados reunidos en San Fernando. A eso es a lo que se refería Argüelles cuando, al presentar la constitución, se dirigió, no a los constituyentes, tampoco al público que asistía a las sesiones, sino a todos sus conciudadanos para decirles: "Españoles, ya tenéis patria".
A todos sus conciudadanos, sí, porque de eso se trataba, porque eso es lo que ocurrió en aquellas cortes, eso es lo que hicieron los representantes de los españoles en San Fernando, en la Isla de León.
Declarar ante el mundo que quienes hasta entonces habían sido súbditos, eran ya ciudadanos.
Que hay esperanza incluso cuando la libertad está sitiada.
Que aceptamos la responsabilidad de nuestro pasado, pero que más que hijos del ayer preferimos ser padres del mañana. Como dice el lema de esta conmemoración, en aquel tiempo España fue una isla y San Fernando se convirtió en la capital de las Españas, la capital de la esperanza.
En los intensos meses que siguieron a la convocatoria de las Cortes, se demostró que la política, la política con mayúsculas, es un arma cargada de futuro.
Los debates de las Cortes, en San Fernando y en Cádiz, señalaron un nuevo comienzo de nuestra historia colectiva; marcaron el camino hacia una España mejor con palabras como igualdad, justicia, pluralismo, Parlamento, diálogo, bienestar general y soberanía nacional.
Y sobre todas esas palabras, sobre todos esos valores y principios, había una que era el compendio de los demás. Un término que recoge, engloba, resume y da coherencia a todos los demás, esa palabra fue –y sigue siendo- Constitución.
Porque eso lo que hicieron las cortes que iniciaron sus sesiones en San Fernando. Constituirnos como ciudadanos poniendo las bases de una España avanzada, tolerante, solidaria y reformista. Constituir un país, constituirnos como sociedad.
Y creo que esa es la gran lección de aquel tiempo que nunca debemos olvidar, que la Constitución no es sólo letra impresa sino letra encarnada y hecha realidad en cada uno de nosotros, en toda la sociedad. Es sobre todo voluntad de constitución.
Por eso creo que celebrar las Cortes de San Fernando es celebrar nuestra democracia, es celebrar nuestra Constitución, es celebrar nuestra ciudadanía.
Porque allí nació mucho de lo que somos, la tradición liberal-democrática, nuestro parlamentarismo, un sistema de garantías y libertades que recorrió un largo y muy fructífero camino a lo largo y ancho de todo el planeta.
Pero nació sobre todo un proyecto, una idea de España que hoy, doscientos años después, sigue alimentando el país que conocemos, por el que trabajamos, en el que creemos y al que amamos.
Y eso es lo que hoy celebramos, ese es su mejor legado, un legado que pasó de generación en generación. A veces –en los tiempos mejores- orgulloso y resplandeciente a la luz del día. Otras veces, cuando arreciaba la opresión, transmitido de padres a hijos, contado en voz baja, como se cuentan los sueños.
Y de padres a hijos, de generación en generación, llegó hasta nosotros esa promesa, ese sueño compartido. Hace ya más de treinta años que volvimos a tener una patria en libertad, y recogimos aquel legado que empezamos a atesorar en la Isla de León.
Dejamos de ser súbditos y nos convertimos en ciudadanos.
Levantamos nuestro país, construimos nuestra democracia no contra algo ni por temor a algo, sino como una esperanza, como un proyecto de todos y para todos, como un horizonte compartido.
Como hijos de nuestro pasado, sin duda, pero decididos a ser ante todo, sobre todo, los padres, los únicos padres y madres de nuestro futuro.
Y Con ese legado hemos construido el país que ellos sólo pudieron soñar y que hoy ya es una realidad. La España de progreso, plural y abierta, tolerante y solidaria, reformista, comprometida con la paz y con los derechos humanos.
Una España que de nuevo quiere ser punta de lanza en un mundo que, como entonces, esta redefiniendo sus coordenadas económicas, políticas y sociales, y en el que es más importante que nunca seguir manteniendo el impulso de progreso, la confianza en la capacidad regeneradora de esos valores –justicia, igualdad, ciudadanía- que nos han convertido en lo que somos.
Porque el mundo ha sufrido una gran transformación en estos doscientos años, pero buena parte de nuestros temores, nuestras ilusiones y nuestras esperanzas siguen siendo los mismos, los de entonces.
Hoy, como entonces, hacemos frente a amenazas. Es cierto que no a ejércitos armados con bayonetas, pero sí a las amenazas de siempre: la injusticia, la desigualdad, la resignación, el desamparo.
Hoy, como entonces, debemos ser capaces de dejar atrás ese antiguo régimen que constituyen ya los postulados del individualismo extremo, la irresponsabilidad y la codicia desmedidas.
Hoy, como entonces, debemos ser capaces de alumbrar un nuevo régimen que, si en aquellas Cortes dio paso a la ciudadanía, ahora, en el gran debate internacional, debe dar paso a la gobernanza global. Porque en nuestro mundo de hoy los problemas son de todos y todos han de participar en su resolución. Una resolución que sólo será eficaz si hace de esos valores de siempre, si hace de la equidad, la justicia y la responsabilidad su piedra angular.
Por eso, señoras y señores, creo que debemos acercarnos a esta conmemoración, no como quien se recrea en un pasado lejano, sino con los ojos de quien participa en lo que describe, reconoce lo que ve, comprende lo que escucha.
Porque eso es lo que nos ofrece este programa. Las más de cien actividades culturales, cívicas, festivas e institucionales que se van a celebrar este año -y que tan bien han descrito el alcalde y el Presidente- nos ofrecen una ventana abierta a la memoria, a nuestro pasado pero también a lo que somos y a lo que podemos ser.
Y creo que el mejor homenaje que podemos hacer a las cortes de San Fernando es seguir mirando, trabajando y construyendo ese futuro.
Así lo entienden desde luego el Gobierno de España y el Consorcio para la Conmemoración del Segundo Centenario de la Constitución del doce que reúne a las tres Administraciones: estatal, autonómica y local.
Queremos que este bicentenario, como han dicho el Alcalde y el Presidente del Consorcio, sea también una oportunidad para construir el mañana, la bahía y la isla de los próximos doscientos años.
Para ello hemos puesto en marcha proyectos, como han podido ver, muy ambiciosos, y así debía ser para acompañar y, sobre todo, proyectar hacia el futuro, este bicentenario, un bicentenario plagado de actos, sin duda, pero sobre todo de valores.
Un bicentenario que recoge, recuerda y vuelve a dar vida al inmenso caudal de ilusiones, razones y esperanzas de un tiempo que cambió el mundo, que
transformó nuestro país y que hoy, doscientos años después nos sigue ayudando a comprender quiénes somos y lo que podemos ser.
Un bicentenario, no podía ser de otro modo, de todos y para todos y que de nuevo –estoy segura de ello, Alcalde- va a llenar las calles de San Fernando con la ilusión y la alegría con la que aquel 24 de septiembre de 2010 los habitantes de la Isla de León celebraron las cortes y festejaron que la libertad llegaba a España.
Señoras y señores,
Creían los clásicos que la memoria residía en el corazón, porque es allí donde se guardan los mejores recuerdos.
Quiero terminar estas palabras agradeciendo y felicitando al Ayuntamiento de San Fernando por esta magnífica programación y al Consorcio por la gran labor que esta realizando.
Y quiero felicitar también de todo corazón a los habitantes de San Fernando porque ellos son ya, y lo van a ser aún más durante los próximos años, los albaceas de la mejor y más querida de nuestras memorias.
A todos ellos mi enhorabuena y mi agradecimiento, y que, como nos enseñaron a sentir los doceañistas, si de algo hemos de tener nostalgia, que sea de lo que está por venir, que sea del mañana.
Muchas gracias.